Hace ya bastantes años que oí esta frase. No recuerdo exactamente cuando. Quizás durante el instituto.
Yo no tenía muy claro a qué me quería dedicar. De hecho, no tenía claro ni lo que me gustaba. Aún así me pareció una reflexión interesante.
Tiene sentido. Ya que te vas a pasar los próximos 40 años (cómo poco) trabajando, mejor hacerlo de algo que te guste.
Algo que se me daba especialmente bien eran los números y además seimrpe he tenido muchísima curiosidad por el funcionamiento de las cosas. Metí todo esto en una coctelera, la sacudí un rato y salió una ingeniería. «No suena mal», pensé. Y para allí que fuí.
Terminé.
¿Y ahora qué?
Tocaba pensar un poco más. Después de una cuantas vueltas que quizás cuente otro día me decidí por el sector de las energías renovables.
Pero no solo para lo que hacen la mayoría de las empresas a día de hoy, que también. Mi objetivo, además de asesorar y ofrecer soluciones a clientes, consiste en facilitar el trabajo a aquellas empresas que se dedican a lo mismo que yo y que tienen los mismos dolores de cabeza.
Vamos a ser sinceros: cuando cambiaste de empresa o emprendiste en este sector no lo hiciste para convertirte en algo parecido a un administrativo.
Sí que lo hiciste para ejecutar proyectos, reducir emisiones, generar energía verde y todas esas cosas. Pero para ser administrativo no.
Y desgraciadamente está más ligado de lo que nos gustaría.
Ejecutar las instalaciones y dejarlas funcionando es el clímax del proceso.
Pero después hay que legalizarlo, pedir alguna subvención, pasar por el ayuntamiento… Me aburro solo de contarlo.
Sería maravilloso poder confiar todos estos trámites a alguien que te lo dejara todo bien atado y supieras que ya no van a surgir más problemas por ahí.
Alguien con mucha mano izquierda con la administración, que sabe detectar si la persona que está al otro lado del teléfono ha entendido lo que se le está pidiendo y que huele posibles problemas antes de que surjan.
Clic en el botón de abajo y charlamos un rato para ver cómo colaboramos juntos.