Me da un coraje tremendo. Todavía no ha pasado que ya sé cómo va a terminar. ¿Por qué? Porqué siempre siempre siempre sucede lo mismo.
Necesito una prenda de ropa (vale con cualquiera), resulta que esá sucia y todavía no ha aprendido a lavarse sola.
Hoy todavía no ha aprendido pero yo ya sé que no va a aprender nunca y tendré que hacerlo yo siempre.
Llevarla al lavadero, luego meterla en la lavadora, luego en la secadora o tenderla, luego plegarla, luego guardarla en el armario y luego ponérmela.
¿Para qué? Para volver a repetirlo una y otra vez.
Un proceso que te aprendes de memoria.
Ojalá saliera de la lavadora plegada y sin arrugas directamente.
Ojalá se metiera ella solita en la lavadora!
Ojalá volviera al armario completamente lista para volver a usarla!!
Mucha gente seguro que se calienta la cabeza para hacer este proceso más ágil y que requiera menos tiempo.
Esto se puede trasladar a un negocio también.
Te contacta un cliente. Quiere placas.
Le pides una factura de la luz.
Te la manda.
Le mandas una propuesta.
La acepta (algunas veces, ojalá siempre)
…
Este proceso continua hasta tener bien atados los pasos finales: legalización y solicitud de subvenciones.
Los que dan más pereza.
Los menos valorados.
Los más densos.
Rómpete la cabeza en automatizar las partes de más valor del proceso y deja para tus colaboradores aquello en lo que no quieras dedicar ni una pizca de esfuerzo.
Contáctame, seguro que nos podemos entender.