Hace unos días fui a ver a una persona que estaba interesada en una instalación fotovoltaica.
Nada nuevo bajo el sol. Le pedí previamente una factura, le eché un ojo a la casa desde Google Maps y ya fui con la cifra preparada.
Como lo tenía cerca de casa pensé que valdría la pena verlo en persona, quizás sacaba algo de bueno.
Después de hablarme de su familia, de su trabajo, de su segunda residencia y de hacerme las típicas preguntas que siempre salen cuando alguien se quiere poner una instalación fotovoltaica, va y me suelta la bomba:
«Esto es para de aquí unos cuantos meses, año y medio como mucho, para cuando vengan a vivir aquí»
La madre que lo matriculó… (Esto lo pensé, claro.)
Solo quería saber el precio.
Haber empezado por aquí hombre! (Esto sí que se lo dije)
Total, que le dije lo que le costaría una instalación de X paneles y lo que le tenía que añadir o restar por cada panel de más o de menos que se terminara poniendo.
Como no estaba dispuesto a tirar a la basura la media hora invertida de visita que llevaba, traté de sacar algo más.
Y es que resulta que quiere hacer una reforma en su segunda residencia. Le pido más detalles y mientras me va contando cosas hay algo que llama mi atención.
«Queremos mejorar las ventanas pero el presupuesto ya se nos está yendo de las manos y solo cambiaremos los vidrios. Lo que pasa es que yo quiero pedir una ayuda pero no sé si cambiando solo los vidrios llegaré al 7% que exigen para poder pedirla. Nadie me lo ha sabido decir.»
Pam! Y para esto sirve tener un certificado energético y un técnico de confianza.
No tienes que llegar hasta el final para saber si te salen los números o no. Que vaaaaaaa!
Con el certificado previo le tienes que meter si o si unas propuestas de mejora a la vivienda. ¿Cual es la gracia? Que metes justo las mejoras por las que quieres pedir una ayuda.
Antes de hacer nada (ni pedir un presupuesto) puedes saber si lo que planteas es viable o no.
Hago certificados energéticos, sí. Pero son solo una excusa para poder darte una hoja de ruta con números encima de la mesa sobre qué mejoras le convienen más a tu hogar, tanto en términos energéticos como económicos.
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