¿100€ por esto?

8 horas al día.

5 días a la semana.

4 semanas al mes.

11 meses al año.

Eso los afortunados. Si no tienes suerte, más.

Este es el tiempo dedicado incansablemente a obtener un salario a jornada completa.

Qué placer cuando llega fin de mes. No hay nada como recibir una buena inyección en la cuenta corriente. Y si encima ese mes toca paga extra ya ni te cuento.

No es tan placentero analizar la nómina en detalle y comparar el neto con el bruto.

Maldito IRPF.

Pero bueno, lleva tanto tiempo entre nosotros que lo aceptamos y punto.

Cada mes, religiosamente, aunque no te des cuenta, un suculento porcentaje de tu salario desparece.

Jode, pero se acepta. Y se lucha para que desaparezca lo menos posible.

Hay más.

El estado necesita estar seguro que te ha quitado todo lo que tocaba y que no se ha quedado corto (si solo tuviese la sospecha que se ha pasado seguro que no iríamos haciendo declaraciones de la renta cada año).

Se ve que la declaración de la renta es compleja de narices. No la dominas en una tarde. Ni en una semana. Ni en varios meses.

Infinidad de casillas, posibilidades, fórmulas, variaciones, retenciones, obligaciones… I sanciones.

Hay profesionales que te la hacen y la presentan por ti.

Por suerte, está todo tan automatizado que si no tienes mucho más que un sueldo vas dándole a siguiente siguiente siguiente y ya tienes el borrador listo para presentar.

Te hacen una radiografía económica de todo el año y tu solo has puesto el número de identidad!

Ves que todo más o menos cuadra y si encima te tienen que devolver dinero la presentas sin dudarlo un instante.

Y entonces te acuerdas de aquellos que cobran por hacer lo que tu no has tardado ni 10 minutos.

«¿100€ por esto?»

No tiene sentido.

Ahora bien, la perspectiva puede cambiar en el momento que tienes propiedades alquiladas, dividendos de acciones, herencias, deducciones por reformas energéticas o alguien con quien hacer (o no) la declaración conjunta.

Hacerlo bien o mal puede suponerte pagar mucho más o mucho menos.

Aquí, depende de las cifras que se estén moviendo, 100€ puede parecer hasta barato. Que las sanciones hacen pupita.

De hecho, depende del percal que tengas montado la gestoría te va a cobrar más de 100€.

Ahora ya sí que tiene sentido.

Esto se puede extrapolar a otros ámbitos.

Por ejemplo, el de los certificados energéticos.

¿Quién va a estar dispuesto a pagar una cantidad decente por un certificado energético bien hecho?

El que le va a sacar algo después.

Desde luego, el que vende o alquila una casa seguro que no.

«Házmelo rápido y barato y que salga lo mejor posible, pero no te calientes la cabeza»

Pero si estamos hablando de alguien que necesita ese certificado para que le den 3000€ en ayudas… La cosa cambia.

«Házmelo rápido y barato y que salga lo mejor posible, pero no te calientes la cabeza»
«Si no te lo miro con cariño quizás no llegues a los requisitos para que te den los 3000€»

Hay más ángulos desde los que los certificados energéticos cobran más sentido.

¿Qué mejor manera de conocer tu casa y sus necesidades energéticas que contratando a un técnico que analice los detalles constructivos de tu casa, lo plasme en un certificado y te pueda decir qué inversiones son las más razonables?

Que ponerse placas queda muy bien, pero esas ventanas de hace 25 años parecen ventiladores del aire que pasa a través de ellas.

Hago certificados energéticos. Te llevas justificado lo que sea que necesites y encima te cae alguna que otra propuesta coherente para que los veranos sean menos veranos y los inviernos menos inviernos.

Me contactas en el botón de abajo.

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