A lo largo de la historia muchos inventores/diseñadores/creadores se han estrujado los sesos para desarrollar productos.
El éxito nunca está asegurado, pero a base de ir cagándola terminan saliendo cosas chulas.
Un ejemplo de ello son las chimeneas.
Hace unos cuantos años todas eran abiertas.
Luego a alguien se le ocurrió poner una puerta y un pestillo para regular la entrada del aire.
Luego a otro se le ocurrió aprovechar el calor de la chimenea para calentar aire y distribuirlo a las habitaciones.
Hasta existen chimeneas que te calientan los radiadores de la casa.
Muchas mejoras muy bien pensadas.
Para que luego venga uno y te diga que lleva 20 años poniendo la chimenea con la puerta abierta para sentir las brasas.
O otro que pone la calefacción, pero deja la ventana dos dedos abierta porqué le gusta que corra el aire.
Yo veo estas cosas y me hecho las manos a la cabeza.
Mucha tecnología y eficiencia tirados por el retrete.
¿Diré algo?
No.
No vale la pena. Quizás entiendan lo que les explique y hasta les parezca bien pensado, pero ya te digo yo que van a continuar igual.
Quien diseña tiene unas intenciones, pero el usuario es el que termina mandando.
Así que fluyo con la vida y no me caliento mucho la cabeza con estas situaciones.
Ahora bien: si eres de los que cerrarían la puerta de la chimenea…
O de los que revisaría hasta la última ventana de casa antes de poner la calefacción…
Seguro que te encantaría hacer de tu hogar una máquina aún más eficiente.
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Lo importante no es el certificado.
Lo importante son las mejoras que te voy a proponer.
Lo importante es saber que te puedes desgravar la inversión en la declaración de la renta.
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