Me gusta conducir.
Desde que legalmente podía tener carné hasta que me lo saqué pasaron 3 semanas. En ese nivel de ganas estaba.
Esa sensación de libertad, de no depender de nadie, de ir donde te dé la gana cuando te dé la gana…
Olvidarte de los horarios del autobús, de que el metro pasa cada 6 minutos o que pasadas las 12 ya no hay trenes.
Que alguien te tenga que venir a buscar… Lo odio.
Al señor M le pasa algo parecido.
Persona independiente, acostumbrada a ir a su aire en su precioso coche de 4 ruedas y 1 volante.
Como todo buen conductor, cuando se cambió su vieja tartana por su nuevo bólido contrató su correspondiente seguro a todo riesgo.
Trabaja menos días de lo “normal” a la semana, tiene un buen sueldo y llega sobradamente a final de mes.
Vamos, que sus principales preocupaciones no son económicas.
Todavía se está preguntando cuál es el motivo por el que no le dedicó más atención al seguro que contrató en su día. No tiene preocupaciones económicas, pero tampoco es tonto.
Simplemente confió.
Confió en que el precio que le cobraban era razonable, de mercado. No había molestado al seguro por nada más que un par de franquicias por unos rallazos.
Pasaron los años (10, concretamente) y un día le dio por preguntar a otra aseguradora. Después de tanto anuncio es normal que terminara cayendo en la tentación.
La mitad de lo que estaba pagando le ofrecieron. Por lo mismo, evidentemente.
Llamó cabreado a su actual aseguradora, puso la cifra encima de la mesa y les soltó: “o me lo igualáis o me voy”.
Se lo igualaron y solo por la pereza de cambiarse a otra aseguradora que no conocía decidió quedarse.
Ahora cada año revisa minuciosamente el precio de la renovación y de vez en cuando hace alguna llamadita para ver por donde se mueven los precios.
El seguro lo pagas una vez al año (o alguna más en caso de que lo tengas fraccionado) y todavía hay gente que no reacciona delante de las subidas de precio.
Mucho menos se toma la molestia de comprobar si ese precio puede ser menor en otro sitio.
¡Mira que es sencillo con el seguro eh! En el mejor de los casos puede ser comparar una sola cifra.
¿Te imaginas entonces la que se puede haber liado en la factura de la luz sin tan siquiera enterarte?
Entre que cada mes no pagas el mismo importe y que el precio fijo €/kWh cuesta más de encontrar que un amigo borracho de fiesta… ¡No es fácil!
Si te pones conseguirás sacar algo en claro, pero… ¿Te apetece?
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